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SESC

07 Set 2017 09h11

Estudio del caso: “Terrible imprevisto

“Caminando por una calle muy concurrida de la ciudad de Londres, en una mañana de verano, iba un hombre cabizbajo, triste, (…). Traía el corazón partido pues acababa de dejar, en un cementerio de la ciudad, a su querida esposa. (…)

¡Cuántas esperanza tuvieron en aquel casamiento!” (…). ¡Cuantos preparativos para la formación del nuevo hogar y cuantas alegrías cuando supieron que un hijo les llegaría!

Ahora, ¿que haría él sin la esposa, su querida Stella, con un hijito recién nacido para ser criado, si su corazón sangraba de tanto dolor? (…). Él no quería a aquel hijo sin ella. ¿Qué haría para criarlo solo? (…). La señora que cuidaba del bebé, oyéndolo entrar, fue a su encuentro diciendo: -¡Él está bien, señor Tomás! (…). ¿Que le interesaba oír sobre el hijo, si el ser que tanto amaba no estaba mas en su compañía? (…). La señora que le hablaba regresó al cuarto donde estaba el bebé, mas luego volvió diciendo que solo lo estaba esperando pero ella necesitaba volver a su casa. (…). Voy a ver si encuentro alguien que pueda ayudarlo, por ahora. (…).

-Yo volvere? mas tarde, mas ahora necesito ir a mi casa. (...) Acue?rdese de que ahora tiene un hijo para criar y necesita cuidarse para no dejarlo solo.

-¡Antes no lo tuviese! Si para e?l llegar fue preciso que mi querida esposa partiese, seri?a mejor que no hubiera venido.

-¡No hable asi?! Son los designios de Dios, que, aunque no podamos comprender, sucede lo que tiene que suceder.

El no contesto? y ella salio? prometiendo volver. (...).

Al abrir la puerta se enfrento? con la misma sen?ora que lo ayudara hasta hace algunas horas antes, trayendo a otra que deberi?a ser la vecina a que se referi?a.

-(...) Entren, por favor!

Ya explique? a ella lo que debe hacer. Cuidar del bebe? en primer lugar y, en cuanto el se duerma, cuidar del resto de las necesidades de la casa (...).

-¿Cuando la sen?ora podri?a comenzar?

- ¡Ahora mismo! Voy a ver que? hacer, me quedo hasta la tarde. Man?ana por la man?ana vendre? con mis hijos y me quedare? cuanto sea necesario. (...).

la que la trajera, despue?s de mostrarle la casa y dar algunas instrucciones, se fue enseguida. (...) pero, al retirarse le dice:

- ¡Yo necesito que alguien se quede con e?l di?a y noche! ¡ yo no se? cuidar nin?os!

-¡Pero se aprende, sen?or! Los hijos son nuestros mayores bienes. Por causa de ellos nos esforzamos para superar problemas. (...).

¡No gusto de e?l! Si no fuese por e?l, mi esposa estari?a todavi?a aqui? conmigo.
- No le imponga culpas que e?l no tiene! Dios sabe lo que hace; (...).
Toma?s no respondio? a ella, repitiendo alguna recomendacio?n, se retiro? diciendo que en la man?ana

siguiente temprano, volveri?a. (...).

Pasadas algunas horas, pero incluso sin conseguir dormir, tan ajeno por sus pensamientos, el fue despertado por el llanto del bebe?.

¿que? hacer? (...).

Sin voluntad y hasta irritado, pero comprendiendo que era su obligacio?n ir a verlo, lentamente se levanto?, camino? hasta la puerta del cuarto, se detuvo un instante, mas no pudo evitar entrar.

El estaba enrojecido de tanto llorar, deberi?a estar sucio y con hambre, pero que podri?a hacer era darle la mamadera y nada mas. (...).

Mas luego oyo? golpear la puerta, y, yendo a atender, encontro? a la sen?ora que contratara con sus dos hijos. (...). Ella fue al cuarto a ver al bebe?.

- Esta? todo sucio y con hambre, mas le voy a dar un ban?o, cambiar su ropita, despue?s tomara? su mamadera y quedara? bien otra vez. (...).

- ¡Mas yo no necesito de e?l!
- ¡No hable asi?! Este nin?o incluso le dara? muchas alegri?as; (...)

- El sen?or necesita hacer alguna cosa, distraerse, que le hara? bien. El trabajo es una bendicio?n de Dios que nos auxilia a enfrentar los problemas. El sen?or necesita reaccionar1 (...) Tal vez ni e?l mismo lo supiese, pero el deseo de dejar aquel ambiente de tantos recuerdos, le hizo abandonar.

Se vio en el cementerio delante de la sepultura de la esposa y alla? llora? todo su dolor, sin barreras, sin pre-conceptos, sin ningu?n restriccio?n.

Mas aliviado comenzo? el camino de regreso, y despue?s de dos horas entraba en su casa. (...).

- ¡La mesa esta? puesta, yo le servire?! El sen?or no puede continuar como esta?. (...) Los que aqui? permanecen tienen que proseguir cumpliendo con sus obligaciones, principalmente las de trabajo, que ayudan a olvidar un poco el sufrimiento.

- ¡Yo no quiero olvidar nada! Quiero tener a mi esposa a todo instante en mi pensamiento.

- ¿El sen?or ya oyo? decir que tenemos un alma y que, al dejar la Tierra, ella es recogida a un lugar donde continuara? viviendo? (...).

- Oi? tambie?n decir que ellas, donde se encuentran, sienten nuestra tristeza, ven nuestras la?grimas y quedan infelices cuando asi? sucede. (...).

- ¿De do?nde la sen?ora fue a sacar tantas sandeces? - No son sandeces, sen?or! ¡yo se que es asi?! (...).

Casi al final del di?a, cuando se aproximaba la hora en que la sen?ora teni?a que irse, el, asustado por tener que quedarse solo con el bebe?, la llamo? para una conversacio?n. (...).

Pues bien, sen?ora Ellen, tengo una propuesta que hacerle, pero antes le voy a hacer una pregunta: - ¿Do?nde vive? (...).

- Si la sen?ora gusto? de trabajar aqui?, tengo dos cuartos vaci?os en la casa, como ya debe haber visto, y, su quiere, puede ocupar uno de ellos con sus hijos, llevando tambie?n, consigo, para su cuarto, la cuna con el bebe?, porque no se? lidiar con e?l ni tengo voluntad de aprender. (...).

- Si acepta, puede organizar su mudanza, pero que no pase de man?ana.

- ¡Esta? bien, sen?or! Man?ana me mudare? para aca?. (...).

- ¡Esta? bien, sen?or Toma?s! ¿Y el bebe? como se llama? Todavi?a no le colocamos el nombre. ¡Hasta me habi?a olvidado! Mi esposa siempre deci?a que si fuese un nin?o, dejaba que tuviese mi nombre, pero yo no quiero. (...).

- No debe esperar mucho porque e?l necesita tener su registro de nacimiento. ***

El tiempo paso?, Toma?s continuo? con aversio?n por el hijo. Nunca le dio su carin?o o atencio?n. Mas, despue?s de su desencarnacio?n, tomo? conocimiento de su vida pasada, cuando e?l y el hijo William eran hermanos. Toma?s era intolerante con el hermano. Fue ahi? que se arrepintio? y sufrio?. Con su esposa Stella fue al encuentro del hijo.
“-¡Papa?!

Toma?s abrio? los ojos, y tropezando con el hijo comenzo? a llorar (...).

- ¡He sufrido mucho hijo! Reconoci? cuanto yo le hice sufrir y desde entonces no tengo paz. Esperaba este momento para arrodillarme a sus pies y pedirle perdo?n.” (Wanda A. Canutti, Mi hijo, p. 12-25, p. 292).